ATREVERSE

No sigas el camino de los antiguos, busca lo que ellos buscaron.
— Matsuo Basho


Estos días nos enorgullece la osadía y valentía que muestran nuestros jóvenes a bordo del Amundsen.

Meses atrás, durante el primer curso de formación de instructores de Cedena, invitamos a Didac Costa y Guillermo Cañardo a participar como ponentes. Más allá de su aportación técnica, lo que nos impulsó a contar con ellos fueron sus trayectorias profundamente inspiradoras.

Guillermo en Cedena, explicando como se navega un patín catalán.

Por aquel entonces, llevaban meses preparando una travesía muy especial: navegar en patín catalán —una embarcación tan pura y exigente que ni siquiera tiene timón— desde Puerto Montt hasta Puerto Williams, recorriendo la Patagonia de norte a sur.

Además, de completar la travesía, esos patines pasarían a formar parte de la flota de nuestra escuela.

No eran pocos los que la consideraban imposible. Pero hay algo que define a quienes empujan los límites: no contemplan rendirse como una opción.

El tiempo de los pioneros quedó atrás y nos parece que las verdaderas aventuras ya no existen… eso creemos. Sin embargo, historias como las de Guillermo y Didac nos recuerdan que la esencia de las grandes epopeyas sigue viva.

Su decisión, innegociable, de navegar sin barco de apoyo, enfrentándose al entorno en su forma más directa, nos devuelve a una forma de explorar que creíamos olvidada.

Y si a eso le sumamos la pureza del patín -la embarcación a vela más simple- y la de Patagonia -uno de los últimos territorios verdaderamente salvajes del planeta- entendemos mejor la dimensión de lo que emprendieron.

Hay algo difícil de explicar en quienes deciden partir.

No es exactamente valentía. Tampoco inconsciencia. Es algo más silencioso, más profundo. Los franceses lo llaman oser: atreverse. Pero no en el sentido épico que solemos darle, sino como un gesto íntimo, casi invisible.

Porque atreverse no ocurre el día de la salida. No está en la foto del zarpe. Ocurre después. Cuando el viento no es el esperado, cuando el cansancio pesa y la humedad cala, cuando sobreviene la avería, la adversidad, cuando nadie mira. Ocurre cada día en que uno podría no seguir… y, sin embargo, sigue.

En ese sentido, la travesía de Didac y Guillermo por la Patagonia y la de nuestros jóvenes del Cedena cruzando el océano comparten algo esencial. No es la distancia, ni el tipo de embarcación, ni siquiera la dificultad objetiva. Es esa decisión sostenida de seguir adelante.

Atreverse, en el fondo, no es lanzarse. Es seguir.

Es aceptar la incertidumbre sin domesticarla. Es avanzar sin garantías. Es no negociar con la incomodidad ni con la duda. Es, de alguna manera, una forma de honestidad: con el entorno, pero sobre todo con uno mismo.

Quizá por eso estas aventuras nos interpelan tanto. Porque nos recuerdan que el límite no está en el mar, ni en el frío, ni en la distancia. Está en ese momento, pequeño y decisivo, en el que uno elige si seguir o no.

Y quizá, solo por eso, seguimos partiendo.

El mismo día que nuestros jóvenes zarpaban de Puerto Williams, Didac y Guillermo arribaban a Caleta Tortel tras 51 días y 616 millas de navegación.

Su travesía tiene algo aún más singular si se entiende el medio en el que navegan. El patín a vela —o patín catalán— es una embarcación nacida en las playas del litoral de Barcelona hace justo un siglo.

Un catamarán ligero, con una sola vela, sin botavara, timón ni orza, donde el control no se ejerce a través de un mecanismo, sino con el propio cuerpo: desplazando el peso a proa o popa, y con la tensión de la escota.

Es, en esencia, una forma de navegación sin artificios, en estado puro.

Diseñado para varar en la playa, obliga a una relación directa con el entorno. En Patagonia, eso significa algo muy concreto: cada jornada termina en tierra. Sin apoyo, sin refugio fijo. Navegar y acampar. Avanzar y detenerse. Exponerse y adaptarse.

Una rutina exigente, repetida día tras día, en un territorio donde el margen de error es mínimo.

El próximo verano austral emprenderán la segunda parte de su viaje, la que debería llevarles hasta Puerto Williams.

Allí les estaremos esperando.


Texto de Jordi Griso

Fotos de Didac Costa, Guillermo Cañardo, Sebastián Miranda y Domingo Abelli.

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