Amundsen - cedena

Es marzo, y el otoño aparece mucho antes de que cualquier fecha lo anuncie. En las hojas todavía no se ve el ocre, el rojo ni el amarillo. Pero el bosque ya ha cambiado: hay un color distinto, una oxidación silenciosa que avanza sin remedio.

Ese mismo aviso otoñal alcanza también a algunas tripulaciones que navegan por estas latitudes. Con el fin del verano austral, muchos barcos comienzan a mirar hacia el norte. Otros buscan un puerto donde sacar su embarcación del agua y enfrentar la inevitable mantención anual. Este es el caso del velero Amundsen. Y así comienza también esta historia con nuestra escuela.

Cada año, el velero Amundsen deben realizar su mantenimiento. Pero esa necesidad técnica y calculada encierra en realidad una travesía mayor: el cruce a vela del Atlántico Sur, desde Puerto Williams hasta Cape Town.

No se trata de una simple navegación de traslado. El Amundsen, un velero de expedición concebido por el navegante Skip Novak, ha demostrado ser una extraordinaria plataforma educativa para travesías oceánicas. En años anteriores ya ha realizado varios cruces con grupos de estudiantes que embarcan como tripulación en modalidad de barco escuela.

Esta vez, sin embargo, la oportunidad tiene un significado especial para nosotros.

En esta travesía, la tripulación profesional del Amundsen estará acompañada por 8 alumnos y exalumnos de la escuela de vela CEDENA, jóvenes entre 16 y 24 años formados en Puerto Williams. Creemos que para ellos, el viaje no representa únicamente una instancia de formación técnica. Es, sobre todo, una experiencia vital.

Durante semanas compartirán guardias, responsabilidades y decisiones en un entorno que exige atención constante, humildad y cooperación. En el mar, una tripulación aprende rápidamente que nadie navega solo: cada maniobra, cada reparación, cada momento de descanso depende del trabajo de los demás.

Más allá de las millas recorridas, el valor más profundo de esta experiencia reside precisamente en la dimensión humana. Vivir en un espacio reducido, enfrentar el cansancio, sostener el ánimo del grupo y asumir responsabilidad real por el otro constituye una escuela difícil de replicar en tierra.

En este proceso los jóvenes aprenderán a habitar un ritmo distinto, a escuchar, a confiar y a encontrar su lugar dentro de un equipo que depende de la atención y el compromiso de todos.

La ruta que seguirán atraviesa una franja del mundo especialmente significativa para cualquier navegante. Tras dejar atrás los canales fueguinos, el barco se internará en el Atlántico Sur, una región dominada por sistemas de viento intensos y persistentes conocidos como los Cuarenta Bramadores, donde el océano exige planificación cuidadosa, trabajo coordinado y una vigilancia permanente del barco y de la meteorología.

Antes de lanzarse al océano abierto, el Amundsen podría realizar una recalada en Stanley, en Falklands, un punto estratégico para abastecerse y esperar la ventana meteorológica adecuada. Desde allí comienza verdaderamente el cruce oceánico. Más adelante, si las condiciones lo permiten, existe incluso la posibilidad de arribar a Tristan da Cunha, uno de los territorios habitados más aislados del planeta, una pequeña isla volcánica perdida en medio del Atlántico Sur.

Cabe destacar que los alumnos y voluntarios seleccionados para esta travesía han sido elegidos entre quienes, desde un inicio, han demostrado constancia, responsabilidad y una profunda disposición a colaborar en la reconstrucción y desarrollo de nuestra escuela. Muchos de ellos, además, han asumido de forma natural el rol de formar a los alumnos más jóvenes, comprendiendo que enseñar es también una forma de seguir aprendiendo.

Ese espíritu de voluntariado ha sido una de las fuerzas que ha dado vida a la escuela de vela CEDENA, en sintonía con la tradición del modelo Glenans, donde la transmisión del conocimiento náutico se sostiene en la colaboración entre navegantes.

Por esa razón, verlos hoy embarcar hacia una travesía de esta magnitud tiene para nosotros un significado especial. Es la expresión concreta de un proceso formativo que comenzó aquí, en las aguas de Puerto Williams.

Durante estos días previos al zarpe, la travesía ya ha comenzado de alguna manera en tierra. Junto a la tripulación del Amundsen hemos iniciado una serie de encuentros y preparaciones con los alumnos que embarcarán: clases de inglés náutico, cocina a bordo, meteorología, navegación astronómica, entre otras materias que forman parte de la vida en el mar.

Son los primeros pasos de un aprendizaje que pronto continuará lejos de la costa…


-Equipo CEDENA

Siguiente
Siguiente

El Optimist: “nuestro primer amor”